Saturday, December 23, 2006

CORTOS, SOSTENIDOS, INTENSOS

Brecha, 12 agosto 2005
Álvaro Ojeda
La clasificación neológica de “frugálicos” describe convenientemente a estos poemas de Hebert Abimorad (Montevideo, 1946), poeta que utiliza, con habilidad y eficiencia, el haiku japonés, el epigrama clásico grecolatino y la sentencia ingeniosa a la manera de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna, para lograr un efecto lapidario sobre el lector. Lapidario, no simplista, ni reducidor.
Son frugales entonces estos textos –métricamente hablando– porque la acepción de frugal opera como una guía por la cual Abimorad pretende connotar cierto carácter de parquedad que en este caso involucra a la extensión de la escritura y no al comer o al beber.Despejada la clasificación neológica queda por delante la poesía y ésta presenta suerte variada. El primer sector del poemario parece ser el estrictamente frugálico y avanza hacia un segundo sector que se denomina Exilio y que a la vez inaugura tres sectores más; Ayer hoy y mañana, Méjico, y Destinos, ya en una clave más tradicional en cuanto a extensión y a propuesta, aunque la parquedad y la concisión acompañan la creación poética como una especie de disciplina asumida, de ejercicio de estilo, de vocación por sugerir mucho escribiendo muy poco por poema, aunque en honor a la verdad el libro acumula desde su brevedad, y alcanza las 124 páginas en un discurso que vuelve una y otra vez sobre los mismos asuntos con variantes caleidoscópicas de enfoque, de ángulo, o con consolidaciones más o menos rastreables. En el poema “La cadena”, el poeta escribe: “La cadena/ de eslabones grandes y pequeños/ se está oxidando/ los eslabones pequeños/ frágiles/ se descomponen primero/ los eslabones grandes/ fuertes/ se desesperan/ al ver la cadena romperse.”. Unas veinte páginas antes el poeta había escrito sentenciosamente: “El eslabón débil fortalece la seguridad de la cadena.” En ambos textos subyace la defensa de los débiles como apología engañosa, aunque necesaria, de la fortaleza también engañosa o en todo caso provisoria, de la cadena. Una cadena que contribuye a mantener la cohesión pero que a poco de observar su estructura presenta signos de fragmentación. Su contrapartida podría ser una lectura desde la debilidad siempre aparente de los elementos más frágiles de un objeto, y su viceversa. Una lectura que encuentra en la frugalidad del neologismo una nueva razón de ser: poemas cortos que escandalizarían a las lecturas político ideológicas al uso del siglo xx en una nueva vuelta de tuerca de las connotaciones de un texto poético y a la vez una ratificación de esas mismas lecturas ideologizadas que hacían hincapié en lo subyacente de los actos de los hombres.Es sin duda más disfrutable ese primer sector más decididamente frugálico del libro en donde Abimorad consigue ingeniosas reflexiones fotográficas –como los haikus aconsejan– que el intento no del todo logrado de mantener el soplo de lo instantáneo en los sectores más tradicionales del libro. Como muestra de semejante operación de síntesis se encuentra el arte poética del autor, práctico y conciso: “Poesía. Camino recto/ Con diferentes finales/ Elección”, o el mismo procedimiento para definir a la prosa: “Prosa. Un laberinto./ Disposición./ Un solo final.”.No obstante el intelecto no gana toda la partida y la poesía de tono más secular logra redondear una idea de eterno retorno bastante pesimista, sobre patria y pueblo, con antecedentes en la poesía uruguaya más o menos reciente.“ayer los uruguayos/ más o menos/ le cantábamos a los farolitos/ los cruces de calle/ algo del 32/ y dos goles casuales/ hoy/ más o menos/ la misma cosa.”Poemas frugálicos, de Hebert Abimorad. Ediciones Libertarias, Madrid, 124 págs.

Friday, December 22, 2006

PRESENCIA DE UN POETA

Por Sarandy Cabrera , El país cultural, número 265, 2 de diciembre de 1994
Sobre “ Poemas frugálicos
Te transcribo lo que resalta


“Es reconfortante decir que sus poemas reflejan verdaderamente el poeta, es decir a alguien que ha experimentado “iluminaciones”, las que por serlo se manifiestan en forma de expresión poética directa sin que medien líneas de paso de un territorio a otro; es decir que Abimorad crea con la certeza del verdadero poeta y así lo transmite.
Esta obra, que ha sido estructurada mayoritariamente en forma de brevísimos poemas con una formulación próxima a la del hai-kai o a la gregería de Gómez de la Serna, esta llena de convicción, verdad y sabiduría. La propia brevedad de los textos no impide una carga de sugerencia y expresividad y les da un valor aforístico a veces irónico a veces crítico pero siempre en aquella zona de las ideas y de los valores que importan desde una perspectiva humanística.”
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de Jorge Albistur sobre Voces Ecos ( suplemento cultural El Día, 25/3/89

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Pocas poetas confían más en la eficacia expresiva del lenguaje que el H. Abimorad de este libro. No hay ningún hermetismo, y cada poema es breve y diáfano, seco casi en su apuesta a la gravidez natural de los vocablos familiares. Ilustra una modalidad directa, que consiste en no decir precisamente aquello que es medular en una situación afectiva, sino indicar claramente a las circunstancias que la motivan”.
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Wednesday, December 13, 2006

Cuadernos de Marcha

Poemas frugálicos ( Ediciones Trilce, 1998)

Guillermo Querejazu

Cuadernos de Marcha, 1998

Hebert Abimorad es un pensador inteligente y fiel a sus principios. Aunque no conozco su obra leí detenidamente sus poemas Poemas Frugálicos y me atrevería a interpretar que la trama de sus pensamientos – entretejidos de poesía viva- son la misma trama de nuestros sueños y nuestras predicciones. De nuestras preguntas y nuestros dilemas, de nuestras felicidades y nuestras desdichas. Por momentos parece que a H. Abimorad alguien le hubiera arrancado algo, o mentido. Tal vez el propio sistema. Y se nota en sus versos a veces fugaces, que por ello ha padecido. “La verdad es el aperitivo de la mentira.” O cuando dice “La mentira es la dieta de la verdad.” ¿,De qué verdad nos habla? No tenemos que estar de acuerdo, pero esta es su verdad, su experiencia propia, y eso es irrefutable.
A veces una vida tremenda y llena de vicisitudes ha hecho a algunos hombres a hacerse artistas de sangre. Han tenido que subirse a esa escalera y mirar detrás del gran muro. Ya no importa explicar a los demás por qué circunstancias se ha debido subir a esa escalera sino tratar de contar con entusiasmo que vemos desde allí. En primer lugar la infancia, como dice el poeta. “Oh lejano Paraíso” o como retrata H. Abimorad, Juventud: Fragancia de la memoria.”
Esperando encontrar aquellos caramelos del cual sólo hallará “sus envolturas”, un vacío solo capaz de sustituir fugazmente con sus versos frugálicos.
Cuando Abimorad dice que “en un camino recto sin curvas el conductor se duerme”, podría interpretarse como la lucha contra el tedio cotidiano, como que la vida sin asechanzas no tendría sentido, una vida sin ideales haría dormir a cualquier conductor. Pero el espíritu del poeta no puede dormir frente a las injusticias de los hombres, ni puede dejar de pestañear frente a la belleza del mundo, un mundo empecinado a veces cruel como el verso, y no menos maravilloso.
¿Qué haríamos sin ilusiones? Qué haríamos sin esas pequeñas fantasías que esconden grandes verdades, aquellas a las que H. Abimorad nadie aún se las ha podido decir, y trata de revelarlas en sus propios versos.
“Ese pájaro que golpea mi ventana en primavera, aún no sé su nombre...”
Acaso si descubriera, si descubriera ese nombre,...que más quedaría.¿ Si desaparece el misterio que hace mover la pluma, su motivo para escribir también no se desvanecería como el día?

Cuadernos de Marcha, 1998